DOS SEXOS, UN CUERPO.

En el pueblo de los hermafroditas
LOS HIJOS de Teresa tardan años en definirse sexualmente. Tienen vulva y testículos. Esto es tan frecuente en el sur de la República Dominicana que se ha realizado una investigación

Bonny Cabrera tiene mirada de mujer y cuerpo de hombre. Cuando atraviesa la puerta de su casucha de zinc y madera, enfundada en un vestido de flores y con uñas pintadas de rojo, su cuerpo fuerte de 1,80 marca el paso con pisadas sonoras. «Siempre fue niña, desde que nació», asegura su madre, mujer de campo maltratada por el tiempo. Bonny creció en La Lista, pueblo profundo de la provincia sureña de Barahona, en la República Dominicana. Es la tercera de 20 hermanos y la única que padece seudohermafroditismo, una indefinición de sus genitales.

Como ella, decenas de sus paisanos nacieron con un clítoris un tanto extraño, pero con la pubertad llegaron los cambios. A los 12 años, a la vez que le crecía el pecho, su voz tomaba un tono grave y sus testículos empezaron a desarrollarse con rapidez.

Pero Bonny se siente mujer en todos los sentidos aunque su cuerpo tenga partes masculinas. Más de una vez intentó operarse, pero a sus 34 años aún se pregunta si vale la pena cambiar de sexo.«Hace cuatro años una prima mía me llevó a la capital, donde un médico. Fui dos veces, pero no llegamos a nada. No tenía donde quedarme, el dinero se acabó y volví. Lo de la operación lo veremos más adelante».

Con brazos gruesos y firmes no le cuesta nada emplearse como ayudante en una fábrica de muebles para hacer labores de ebanistería o agarrar, literalmente, un toro por los cuernos cuando se escapa del corral.

A unos cuantos kilómetros de La Lista está Las Salinas, comunidad dominicana donde se ha detectado mayor cantidad de casos de seudohermafroditismo en el mundo. Únicamente Nueva Guinea tiene tantos ejemplos de esta patología.

En aquel pequeño poblado minero de menos de 500 habitantes todos conocen a Teresa Pérez, un rostro cansado de 36 años. Teresa cuenta que, cuando nacían sus hijos, la vulva no estaba muy definida así que, durante varios meses, los observaban y luego les ponían ropa de un sexo u otro. «Éstos que ve allí», dice la septuagenaria madre de Teresa señalando a sus nietos -Samuel García, de 14 años, y su hermano Daniel, de 17- «fueron varones desde chiquititos.Siempre fueron más varones que hembras, por eso les pusimos pantalones».Otro de los hijos de Teresa, el mayor, de 23 años, se marchó a vivir a la capital para evitar señalamientos. «Raras veces viene a visitarnos, pero nos manda un dinerito cuando puede».

Para estas mujeres la explicación del fenómeno es sencilla: «Son cosas de Dios». Sin embargo, en el historial de Teresa había un tío hermafrodita a quien nunca los médicos pudieron examinar desnudo, nunca se casó y no pudo procrear.

Teresa, a espaldas de los niños, confiesa que una de sus primas tuvo hace ocho meses un bebé con genitales ambiguos y decidieron vestirle de niña. «Ella quería una hembra. Nosotras le dijimos que no la vistiera de niña, pero no nos hizo caso».

Mientras Teresa y su madre dan rienda a sus recuerdos, desde el balanceo de una mecedora remendada con trapos, Daniel se deja envolver por el juego con una pelota, como si nada de lo que se cuenta se relacionara con él. Su hermano Samuel, en cambio, se siente más tocado. Ya desde que tenía 10 años se percibía diferente. Cuenta que nunca se ha atrevido a tener novia, aunque le gustan las mujeres. Desde hace años la idea de operarse ronda su cabeza.

A varias esquinas de la casa de Teresa vive Francio Castillo.Es el más viejo de los hermafroditas. A sus 70 años, su condicion sexual poco le importa: «Aunque la gente hablaba mucho nunca me cuestioné nada. Son cosas de Dios».

Sin embargo a los 40, y ante la sorpresa de los vecinos, Francio se casó con Martina y adoptó a los hijos del primer matrimonio de ella. Sin problemas en lo referente al sexo, como asegura su esposa, le queda el pesar de no haber procreado nunca.

Aunque ya en 1951 los médicos dominicanos conocían casos de hermafroditismo, hasta 1973 la prensa no empezó a reseñar la extraña e insistente variante de Las Salinas. El doctor Teófilo Gautier, de la Universidad Pedro Henríquez Ureña, inició las investigaciones junto con la doctora Julianne de Imperato, de la Universidad estadounidense de Cornell. Tras tomar muestras de sangre, lograron descubrir la causa de la patología.

El seudohermafroditismo, concluyeron, se produce por una deficiencia en la hormona conocida como 5 alfa reductasa, responsable de que la testosterona se convierta en dihidrotestosterona y pueda definir correctamente los genitales. Durante 20 años, Gautier logró identificar unos 60 casos. Pero en 1992 falleció en accidente de coche.

El endocrinólogo Erasmo Sturla, que colaboró con el equipo del doctor, confirma 10 años después que el origen de esta deficiencia hormonal se encuentra en el factor genético y en los matrimonios endogámicos. Sturla recuerda que Gautier realizó un estudio genealógico de tres generaciones de familias de la zona, trabajo que ha servido de base a las investigaciones que aún desarrolla en la actualidad la universidad norteamericana John Hopkins.

La migración del campo a la ciudad parece haber transformado el panorama. Rhadames Ovalle, cirujano y jefe de urología en el hospital Reid Cabral, donde reciben la mayor cantidad de casos de hermafroditismo en el país, apunta que lo sucedido en Las Salinas está pasando en otras provincias. «Ahora recibimos casos de todas partes del país, y operamos entre 25 y 30 al año».

FUGA VESTIDA DE NOVIA
La familia de Orquídea Rivera, una joven de 23 años, se enfrentó de cara a la realidad cuando la joven decidió romper con sus planes de boda hace tres años. La madre nunca la llevó a un ginecólogo.Ella, en cambio, sabía que algo no andaba bien y a los 20 años un especialista se lo confirmó. «Dejó al novio, se cortó el pelo y ahora se viste de hombre. Hace dos meses inició los trámites para operarse», refiere Alma Rivera, su hermana.

El caso de Orquídea es paradigmático de una pauta de conducta paterna muy común: mucho silencio y pocas explicaciones. La sexóloga Kenia Sanabia afirma que los padres deben esperar a que la criatura crezca para determinar su verdadera inclinación. «Habría que explorar un poco, dejar que pasen seis años antes de tomar una decisión», dice basándose en que estas personas desarrollan sus preferencias sexuales aunque no cuenten con los órganos sexuales correspondientes.

«Pero hay que tener en cuenta que los hermafroditas no tienen ningún problema con la capacidad para la excitación y el orgasmo.Donde sí pueden presentar problemas es en lo referente al deseo, en definir lo que les atrae físicamente y que muchas veces tienen que esconder», detalla Sanabia. Aunque en Las Salinas ya están curados de espanto.

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