Turistas atrapados en Hotel de Hong Kong por cuarentena

“Pasamos la noche del viernes en el hospital porque teníamos unas pequeñas décimas de fiebre pero, durante la madrugada, nos dieron de alta porque no padecíamos ningún síntoma de la gripe. Entonces, ¿por qué nos han vuelto a traer de nuevo al hotel infectado?” Recluido en su habitación del hotel Metropark de Hong Kong, así de consternado se expresaba esta mañana a ABC Javier Boada, uno de los ocho españoles puestos en cuarentena en la antigua colonia británica.
“De todos los hoteles de Hong Kong, hemos tenido la mala suerte de venir al lugar equivocado”, se quejaba el empresario catalán, quien dirige desde hace 15 años un negocio textil en la India. Por una burla del destino, Boada fue a alojarse en el mismo establecimiento ocupado por un joven mexicano de 25 años infectado por el virus de la gripe A (H1N1).


Después de que el viernes por la mañana se confirmara que éste era el primer caso detectado en Asia, las autoridades sanitarias de Hong Kong tomaron la drástica medida de acordonar el hotel donde se alojaba y poner en cuarentena a 188 personas, entre huéspedes, trabajadores y visitantes.
Entre ellos figuraban hasta esta mañana cinco españoles a los que se han unido tres esta mañana. Los cinco confirmados ayer eran: tres vascos, una mujer de Barcelona y el catalán Javier Boada, y un sexto , quien había viajado a Hong Kong desde la India para asistir a una feria textil.
Junto a dos diseñadores de Bilbao que volaban desde España, dos hermanos de 41 y 46 años, el empresario llegó el jueves a Hong Kong procedente de la India junto a su socio, Kevin Ireland. Ese mismo día, cruzaron la frontera con la China continental para visitar una fábrica cerca de Shenzhen y, ya el viernes, acudieron a la feria.
“Esa noche, íbamos a salir a cenar cuando, de repente, nos retuvieron y no nos dejaron salir del hotel. Al principio, hubo un poco de caos porque uno de nuestros compañeros vascos estaba fuera y no lo dejaban entrar”, relata Boada, quien se muestra “tranquilo” e insiste en que “aquí estamos todos bien y nadie ha enfermado”.
Equipados con trajes especiales, los médicos invadieron el hotel Metropark, en el céntrico distrito de Wanchai, y tomaron la temperatura a todos sus huéspedes. “Como yo tenía 37,3 y mi socio vasco también sufría unas décimas, nos llevaron a ambos al hospital para hacernos más pruebas”, desgrana el empresario, quien critica que “no nos decían nada ni nos daban ningún tipo de información”.
Después de varios análisis y de que le midieran la temperatura cada quince minutos, Boada y su amigo vizcaíno fueron dados de alta y trasladados de nuevo al hotel porque no sufrían ningún síntoma de la hasta ahora denominada gripe porcina. “No entiendo por qué estamos de nuevo en este sitio, que al parecer está infectado, aunque supongo que los médicos quieren asegurarse de que no desarrollamos el virus durante los próximos días”, razona el industrial.
Por ese motivo, tanto él como sus socios y los otros dos ciudadanos españoles deben permanecer aislados hasta el próximo día 8 en el hotel Metropark, donde están recibiendo su pastilla diaria del antiviral Tamiflu. “Teníamos que volver mañana lunes, pero la verdad es que todo está muy bien organizado y estamos muy bien atendidos”, se consuela Javier Boada, quien asegura que “hay bastante comida y hasta nos han dado unos teléfonos para llamar al Pizza-Hut o al Seven Eleven”.
El único problema es no les hacen las habitaciones y que, al no ser un hotel demasiado grande, los casi 200 huéspedes en cuarentena deben permanecer en sus cuartos, ya que la cafetería-restaurante y el vestíbulo han sido tomados por los médicos y enfermeras.
Debido a las epidemias mortales del Síndrome Respiratorio Agudo y Severo (SARS) y la gripe aviar en el pasado, las autoridades sanitarias de Hong Kong han cortado por lo sano tomando la contundente medida de acordonar el hotel y confinar a todos sus ocupantes.
“Creo que han exagerado con la cuarentena, pero entiendo que tienen que controlar la epidemia”, señala uno de los socios bilbaínos de Boada, quien se muestra sorprendido de que “se haya colado en Hong Kong un infectado por la nueve gripe con la cantidad de controles y cámaras para tomar la temperatura que hay en el aeropuerto”.
La única explicación posible es que el joven mexicano, que hizo escala en Shangai para efectuar el trasbordo al vuelo de Hong Kong, empezó a sufrir la fiebre poco después de llegar a esta ciudad de siete millones de habitantes, una de las capitales financieras y comerciales de Asia. Para evitar que lo mismo pueda ocurrirle a los otros huéspedes del mismo hotel donde se alojaba, todos han sido retenidos en sus cuartos con el fin de impedir que la epidemia siga extendiéndose.
Además, las autoridades sanitarias chinas están buscando a once personas que viajaron cerca del joven infectado y luego se dirigieron al sur del país. Su localización resulta crucial para atajar la propagación del virus.
En 2003, en otro hotel propiedad de la sociedad que gestiona el Metropark, se originó el SARS, que se cobró en todo el mundo unas 800 vidas, 299 en Hong Kong. Desde finales de ese mismo año, un nuevo brote de la gripe aviar ha provocado hasta la fecha 257 muertes, sobre todo en Asia. De ellas, 115 se han contabilizado en Indonesia, el país más castigado por este mal endémico en la región.
A estas epidemias se suma ahora la gripe A (H1N1), que China intenta parar desesperadamente.

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