¿Legalizar o no las drogas?

Un vivo debate sobre si es pertinente o no descriminalizar el consumo de drogas, especialmente la marihuana, acapara en estos días la atención de la opinión pública latinoamericana.

Desde que el ex presidente colombiano César Gaviria planteó en la asamblea de medio año de la Sociedad Interamericana de Prensa su apoyo a la idea de sacar a los 1consumidores de marihuana del ámbito criminal y convertirlos en pacientes del sistema de salud, un gran alboroto se ha creado, generando reacciones a favor y en contra.

En línea de solidaridad con este planteamiento figuran otros ex presidentes: Ricardo Lagos, de Chile, Fernando Cardozo, de Brasil, y Ernesto Zedillo, de México, quienes ven la posibilidad de crear “un nuevo paradigma” en la lucha mundial antidrogas basado en otro enfoque para enfrentar la situación. Pero representantes de la iglesia paraguaya y de otros sectores se oponen abiertamente a esta posibilidad.

La Comisión Latinoamericana de Drogas y Democracia, que encabezan Gaviria, Zedillo y Cardozo, ha propuesto que se trate el consumo de drogas como una cuestión de salud pública, reconociendo que éste provoca daños a las personas y a las sociedades.

Opinan que tratar el consumo de drogas como un tema de salud pública y promover la reducción de su uso son precondiciones para focalizar la acción represiva en sus puntos críticos, es decir, buscando disminuir la producción y desmantelar las redes de traficantes.

De 200 millones de consumidores habituales en el mundo, 160 millones son usuarios regulares de marihuana y en América Latina es la droga más difundida. Estas y otras evidencias han llevado a los ex presidentes a considerar que la lucha antidrogas ha fracasado y que las Naciones Unidas no pudieron cumplir su promesa de “un mundo sin drogas para el 2008”.

Pero la ONU, que acaba de celebrar en Viena una asamblea sobre el asunto, rebate esta percepción y dice que sus políticas han contribuido a minimizar el problema y confía en que definitivamente alcanzará esta meta en el 2019.

Lo cierto es que al margen de si procede o no la despenalización del consumo de drogas, una realidad indiscutible es que, a consecuencia de una creciente adicción, ha aumentado la violencia y la criminalidad asociada a su uso, desestabilizando el orden y la institucionalidad en muchas sociedades.

Hay que plantearse, sin dudas, nuevas formas de enfrentar el mal sin que las recetas que ahora se proponen, o las que se han aplicado infructuosamente, sean peores que la enfermedad.

Extraida del sitio www.laopiniondefranjul.com

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