¿Tienes adicción al porno?

La adicción a la pornografía es asunto serio. Como la dependencia de cualquier droga, ocurre a diferentes edades, a todo tipo de gente y tiene el potencial de afectar el estado psicológico de quien la padece, sus relaciones afectivas y hasta su trabajo.

Por eso, requiere de atención psicológica adecuada para ser superada, afirma el sicólogo clínico y terapeuta Miguel Ángel Rivera Cuadrado.

Es importante aclarar que observar pornografía de vez en cuando no constituye una adicción. En algunos casos, puede incluso ser una ayuda, como ocurre con parejas que tienen problemas con algún tipo de disfunción sexual.

“La adicción implica que la persona no tiene control sobre su uso, aunque quiera dejarlo. Necesita la pornografía para excitarse sexualmente. Por el contrario, el mero gusto es una decisión libre y según los deseos que se tengan en un momento dado”, explica la sexóloga Gloria Mock.

Él adicto también suele experimentar “una negación total de emociones generalmente seguido por la desesperación y la vergüenza, o un sentimiento de confusión y una falta total de esperanza”, según el portal de la organización de Adictos Sexuales Anónimos (www.sexaa.org).

Mock sostiene, según su experiencia, que la actividad compulsiva respecto al sexo es cada vez más común. Uno de los factores que puede contribuir a ello es que el desarrollo de la tecnología, que facilita el acceso al material.

La adicción puede afectar tanto a hombres como a mujeres, pero es más común en ellos. Lo más frecuente es que la mujer se presente en la pornografía como “objeto sexual”. Usualmente, quienes desarrollan un trastorno han sufrido traumas severos, especialmente durante la niñez. Pero cualquier persona que tenga la capacidad de excitarse puede caer en el patrón.

Según Rivera Cuadrado, la adicción a la pornografía evoluciona en distintas etapas que explica a continuación:

Exposición – La persona observa el material a través de películas, televisión, computadora, revistas y libros. Una vez empieza la mente a encontrar placer en este tipo de experiencia puede desarrollarse la adicción. Se comienza a ver la pornografía como algo rutinario y se hace difícil resistirse a ella.

Intensificación – Se ve más pornografía, incluso aquella que antes no llamaba la atención. La mente empieza a pedir más y más.

Insensibilización – Ya nada causa el mismo gusto, la persona quiere ver cosas más fuertes, desesperadamente busca algo más impactante. Puede tornarse insensible a la violencia, sadismo, sadomasoquismo u otras perturbaciones. Pudiera insensibilizarse a la violencia en el acto sexual o incluso a la pederastia (abuso de niños).

Culminación – La persona quiere y comienza a hacer las cosas que vio. No se conforma con mirar.

Devastador impacto

La adicción a la pornografía, además de perjudicar a quien la sufre, puede tener efectos devastadores para el matrimonio o la relación de pareja.

Hay dos escenarios comunes, según Rivera Cuadrado. Puede ocurrir que el adicto intente exponer a su pareja al tipo de relación sexual que presenta la pornografía. Ella podría consentirlo o no y de esa respuesta dependerá el curso de la relación.

La psicóloga clínica Amarilys Muñoz, entiende que en ese sentido el término adicción hay que usarlo con cuidado.

“Vivimos en una sociedad altamente fundamentalista que tiende a condenar cualquier cosa que se salga de lo tradicional”, sostiene al plantear que entre dos adultos responsables de su sexualidad “todo se puede siempre y cuando haya consentimiento mutuo y respeto”.

Otra situación, todavía más común, es que el adicto sustituya la relación sexual con su pareja por la masturbación, porque siente que en este acto disfruta más. Es entonces cuando la pareja puede empezar a sufrir el distanciamiento no sólo sexual sino emocional de la otra parte.

“El matrimonio o la relación de pareja sufre daños terribles porque el adicto se insensibiliza. El sexo pierde ese sentido placentero, íntimo y sano de la vida matrimonial y se convierte en una aberración”, apunta Rivera Cuadrado.

Al mantenerse casi siempre como una actividad secreta, la adicción también daña la confianza entre la pareja.

Celia, una mujer joven, se percató de la adicción de su marido al encontrar el material en la computadora. Intentó conversarlo con él pero su reacción fue de total negación y rabia hacia ella. Eventualmente, el matrimonio terminó.

“La mujer, cuando se entera de algo así cae en una etapa de indefensión”, explica Rivera Cuadrado. “Se pregunta qué puede hacer. Se cuestiona el hecho de que su pareja se vale de la pantalla de una computadora, en lugar de ella, para el disfrute sexual. Puede incluso compararse, sentirse usada, como un objeto.

El adicto reduce la sexualidad a una mera cuestión de placer vulgar y la mujer eso lo resiente enormemente porque entiende que la sensibilidad afectiva en el matrimonio debe estar ahí presente”, explica el experto.

Extraído del sitio: Panoramadiario.com

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